Hegel y la familia bajo la sociedad civil

Por Rocco Fregoti

I

Modern Family es una sitcom norteamericana que ocurre en California. La premisa base es que es una familia “grande” compuesta de tres familias más pequeñas: una que es el esquema tradicional papá-mamá-hijos, la segunda que es una pareja homosexual y una hija adoptiva, y la tercera que es un hombre mayor en segundas nupcias con una mujer inmigrante que tiene un hijo. El vínculo conector de estas familias es que la mamá de la primera familia (Claire) y uno de los esposos de la segunda (Mitchell) son hijos del hombre mayor (“Jay”). Con el “moderna” del título la idea es decir contemporánea: se da a entender que esta no es una familia-tipo o que al menos no en su totalidad, pues la ecuación papá-papá-hija adoptiva no es para nada el tipo, y que, en el tercer caso, nos encontramos con una “familia ensamblada” pues “Jay” no es el padre biológico sino el padrastro de “Manny”, el hijo de su esposa. 

A su vez, hay fronteras de mixtura de corte cultural y étnico. El marido de Mitchell no es un californiano, sino que viene del interior, del campo estadounidense, de Missouri, y a su hija la adoptaron en Vietnam. Del otro lado, Jay se casó con Gloria y es entonces padrastro de Manny, siendo ellos inmigrantes colombianos. Esto nos da a indicar que, dentro de la propia conceptualidad de la serie, “familia-tipo” viene con un componente de lógica cultural homogénea, por no decir racial. Sólo la combinación Dunphy-Pritchet sería la familia-tipo estadounidense. La serie apunta a lidiar con los contrastes y perspectivas de forma principalmente comedica, no es un drama como This Is Us -que diría instintivamente que trabaja estos temas mal, pero debería leer opiniones negras de la serie para completar la perspectiva como tal-.

II

La conclusión temática de la serie es que las familias-no-tipo son tan familias como las familias-tipo, al menos en el sentido de que apelan con el mismo grado de precisión y peso emocional a la idea de pequeño marco colectivo que contiene a los individuos en su desarrollo personal. Principalmente, apunta contra la idea de que la familia depende completamente de la conexión sanguínea entre sus individuos para que su vínculo esencial, el amor, funcione. Ninguna de las partes de la familia compuesta de la pareja homosexual tiene una conexión sanguínea, sino afectivas y legales. En el caso de los Pritchett-Delgado, Jay no tiene vínculo sanguíneo con Manny, y recién se vincula sanguíneamente con Gloria por el hijo que tienen luego, Joe Fulgencio.

La idea de conexión de sangre siempre iba a ser la más floja para la defensa de la familia-tipo porque, saltando los casamientos entre primos, más comunes entre los estamentos aristocráticos o cuasi-aristocráticos, o entre sociedades pequeñas y aisladas -Islandia es un caso gracioso en este sentido-, la casi totalidad de los matrimonios son entre personas que no tienen generalmente y más mientras más se expande la población, vínculo sanguíneo. Idealmente que se quieran es buena idea. O más bien, sin amor esto no funciona. Pero el amor no es el tema de este artículo, tiene una posición tangencial.

III

Modern Family empieza con la reunión de la familia para festejar la llegada de la hija adoptiva de Mitchell y Cameron -la pareja gay- y termina con el desensamble de la familia en su casi totalidad. En Los Ángeles sólo quedan seis de los personajes que conocemos -el matrimonio de segundas nupcias, la pareja Dunphy-Pritchet, y la hija mayor de estos y su esposo, que tienen dos hijos, pero se mudaron a su propia casa-. Después, la pareja homosexual se mudó a Missouri por un. . . cambio laboral. La hija del medio del matrimonio familia-tipo se fue con su pareja a Londres a. . . trabajar. El hijo menor de este matrimonio se va para formarse universitariamente y, bueno, trabajar del título que tenga -no se esforzaron mucho-. Y Manny, el hijo de la familia ensamblada, se va de “aventuras” con el padre, pero es para que tenga algo sobre lo qué escribir, ya siendo alguien con un título en literatura.

Y acá, es donde aparece Hegel. Claramente, son cosas mías, de haber repasado al autor para una cosa que no resultó mientras terminaba la serie, pero un poco el chiste de la interpretación y el análisis es que uno agrega algo a la ecuación que no estaba necesariamente presente en el texto, sino que lo expande. Por lo general, a los autores las obras los sobreviven, y más con una sitcom de comité de escritores, que a su vez vienen contrariadas por el comité de productores o los sucesos que afectan a los actores. Los medios de producción afectan también de forma grave a la producción cultural. Hay mucha plata invertida para que la cosa salga mal. Es inherente al producto su condición capitalista, como todo en esta vida. 

IV

Matrimonio, patrimonio, la progenie y con esta, la disolución en la sociedad civil son los momentos que componen a la familia como parte del triángulo del espíritu objetivo, de la eticidad, siendo la familia el primer momento de una secuencia que termina en el Estado. Lo que más nos preocupa en esto es el patrimonio, porque no es lo primero en lo que uno piensa cuando dice la “familia”. Pero tampoco piensa uno en los utensilios puntuales de la cocina cuando uno come. Y a efectos prácticos, para la familia y su unidad sensible, lo patrimonial, lo económico, lo laboral, ocupa casi la misma situación. El matrimonio que se funda para la progenie -y si, a los lectores posibles que dicen que no todo el mundo quiere tener hijos, son válidos, tienen su cuota de razón y derecho a no querer tener hijos, sólo no estamos hablando de ustedes– es también una sección no pequeña de gente que tiene que vivir en sociedad y, por ende, ganarse el pan. 

V

Repasemos brevemente la introducción de la Filosofía del Derecho, que viene con un largo excurso de tres momentos sobre la libertad y su vínculo con la ética. La pulsión personal hacia algo, el libre albedrío y, por último, la determinación personal. El primer momento es el momento del deseo, del deseo de algo, de cualquier cosa, da igual. Claramente, es la forma de pensar la libertad que uno asocia más a las demandas de un niño que a un esquema o concepto más desarrollado de libertad. El bebé llora y, bueno, no te queda otra más que deducir que quiere y ver si es algo que tiene uno que resolver: porque, una cosa es que el bebé tenga hambre, le moleste el calzado o necesite un cambio de pañal, y la otra es que tenga que aprender a dormir una noche sólo de corrido. El segundo momento es el del libre albedrío. El libre albedrío es lo que uno podría llamar lógica de opciones, una lógica de ajedrez de pensar la libertad. Una lógica de juego, que uno puede elegir tal o cual recorrido, pero no todos ni varios a la vez, a veces sólo uno, porque el tiempo y el espacio son limitantes. Podes tener hijos o no tener hijos, podes casarte o no casarte, formarte en esta profesión o en esta otra, hablarle a estx posible interés romántico o al otro. 

El tema con todo esto, nos dice Hegel, el momento clave de su discusión sobre ética con Kant es que, no, esto es una formalización de un tema serio y concreto. No da lo mismo ser padre que no ser padre, y menos que menos da lo mismo ser padre qué ser dueño de un animal. No es lo mismo, por ejemplo, formarse como técnico que formarse como médico, no es lo mismo cometer un fraude con el erario de una empresa privada que hacerlo con los fondos del Estado. Las decisiones de una persona terminan determinando cómo ella es, hablan de ella, no son jugadas dentro de un tablero con un mismo peso teórico cada opción, esto no es una simulación, esto es real. Los deberes kantianos son abstractos: salvar a alguien que se está ahogando, decir siempre la verdad, expresan una ética que es virtual. Pero los actos morales son deberes también, son responsabilidades para con otras personas, personas que no son un individuo hipotético sino una persona real. Pues no sólo hay profesiones y determinaciones por las cuales uno se aboca a un deber amplio para con los demás, sino que hay gente que está mucho más necesitada de la ayuda que los demás.

VI

Si, abstractamente, si ves a alguien ahogándose, deberías intentar ayudarlo. Pero si estas en la playa o pileta, eso le corresponde a los guardavidas, que está entrenado para eso, es su trabajo y pasa bastante seguido que personas no preparadas para salvar a alguien de ahogarse, se ahogan con estos. Abstractamente, todos los adultos tienen un deber de responsabilidad por todos los niños, abstractamente si ves a un niño completamente sólo y perdido, o en una situación de posible abandono o peligro, debes asegurarte de que reciba apoyo. Pero la primera responsabilidad recae en su familia, en sus padres. También, a los cuerpos laborales: el docente tiene una responsabilidad legal por los alumnos de su aula y la escuela por sobre su cuerpo de alumnos.

Por eso no sólo existe la responsabilidad legal sino también la intensificación de las penas según el daño cometido. No es lo mismo que se le muera un paciente en el quirófano a un cirujano a que se le muera porque estaba tomado: porque la primera puede ser por culpa de un movimiento muy complejo de ejecutar o por el simple hecho de que el daño era tan profundo que era irrecuperable, pero en la segunda, estamos hablando de homicidio por negligencia. Y para nuestras reflexiones, también está el homicidio agravado por el vínculo. 

VII

La determinación ética y personal de uno mismo como figura paternal en Hegel es lo que lleva a la necesidad del patrimonio. La supervivencia afectiva de la familia como unidad sustancial demanda del trabajo para asegurarse. En las formas más antiguas de la vida humana, esto se traduce a la agricultura y el pastoreo: por eso, luego, en el sistema político hegeliano, la cámara alta son los nobles y terratenientes, que por su conexión con la tierra son los que cargan con la sustancia familiar, mientras que la cámara baja, de los mercaderes, industriales y artesanos (los burgueses), son la cara de la sociedad civil. Una familia, una parcela de tierra. Una Casa nobiliaria, un clan, una gran extensión. De vuelta, esto es teoría filosófica, no decurso histórico.

El trabajo del padre en el sistema hegeliano es aportar el patrimonio de la familia. Énfasis en “padre”, Hegel tiene una apreciación negativa-positiva de las mujeres, en el sentido de que si bien les da un rol fundamental en lo familiar y el respeto de lo natural, también las llama “plantas”. Admira a Antígona, sí, como figura trágica, no como modelo de imitación, por favor y gracias. O más bien, Antígona de Sófocles es el desenlace trágico -Antígona, portavoz del derecho natural y familiar, muerta, Creonte, portavoz del derecho del Estado clásico, sin heredero ni familia- del final “feliz” de Las Euménides de Esquilo, la última entrega de la Orestíada en la cual las vengadoras del derecho natural admiten establecerse bajo el ágora ateniense por mediación de Apolo y Atenea -y así, en la entidad política, la ciudad clásica, la sustancia natural y cultural del derecho familiar es conservado-. La familia se disuelve con los hijos cuando estos logran la autonomía etaria y se vuelven, a su vez, trabajadores para su propia familia. Pero con la disolución, o eliminación, o negación de la negación, con Hegel se habla de conservación. Las cosas se superan dentro del sistema. Precisemos. 

VIII

El momento que comúnmente se llama síntesis por error es la Aufhebung, que, está bien, no es síntesis, pero tampoco está tan lejos en el sentido que lo usa Hegel. Es tanto eliminación como conservación, lo primero expresa lo abrupto del desarrollo evolutivo o progresivo de algo, lo segundo como sigue siendo una misma entidad pero modificada en un grado sustancial. El momento unitario de la familia tiene su fundamento en el amor de las partes, el matrimonio, sí, pero luego hay que comer, hay que trabajar, patrimonio, pero el matrimonio y el patrimonio tiene como finalidad la procreación de un nuevo ente (o entes) humanos, que a su vez son la muerte de la familia, en tanto la función de esta unidad está realizada: el amor da paso a los hijos, el patrimonio, los mantiene. Luego, o más bien, al mismo tiempo -porque la dialéctica se expone como momentos sucesivos, pero es a la vez todo, por eso la Fenomenología del Espíritu va atrás y adelante narrativamente como si fuese una novela de viajes en el tiempo- las familias y sus hijos componen a la sociedad civil.

Ella no es sólo la nación como tal, sino también el naciente capitalismo. La sociedad de mercado que en Alemania se está abriendo paso lentamente en la sociedad estamental, en la que los bürgers aún no son los burgueses de Marx, sino que aún se identifican con los habitantes de la ciudad, los artesanos, los gremios y abogados y comerciantes. Los padres y luego hijos que viven y se forman en aras y por medio del patrimonio tienen justamente su rol en el sistema de necesidades, el mercado. Los que se dedican al campo serán parte del estamento familiar o se irán al extranjero a colonizar -curiosamente, para Hegel el sol de la historia seguiría virando hacia el Oeste-. Los que se dedican a la manufactura y el comercio, serán parte del estamento de las corporaciones: la cámara baja de la anterior cámara alta. Los dedicados a las leyes y burocracia, la clase universal por mediar universalmente entre los sectores de la sociedad: los jueces del derecho privado, los representantes legales de los estamentos, los administradores policiales que median la plebe.

IX 

En los estamentos corporativos no está la prole industrial, pero es consciente Hegel como testigo del fenómeno revolucionario francés y de las masas urbanas inglesas de que ellas están ahí y que negarlas equivale a cometer suicidio político. La conciencia histórica del proletariado industrial, de la masa urbana, no es un monopolio marxista: está en Hegel, en de Tocqueville, en von Stein. Hegel propone el Estado policial, que debe encargarse que la vida de este segmento sea digna, no vaya a ser que rechacen la justa sociedad en la que viven: salubridad pública, iluminación urbana, pavimentación, vacunas, intervención en productos de primera necesidad. Es señalado como un antecedente ideológico de las políticas sociales de Bismarck. 

La plebe se rebela porque no puede lograr la vida digna que como persona se merece. O volviendo al previo salto dialéctico, la familia puede tener mucho amor y lo que vos quieras, pero sin patrimonio no estaría funcionando. Por eso la emigración y la colonización son vistas por Hegel, como también la dedicación a la marinería en general, como formas para lidiar con la plebe, con una lógica no muy alejada a la de un Malthus. 

X

¿Qué tan vivo está para nuestros días Hegel, y estas reflexiones en particular? En cierta medida, son perogrulladas superadas, pero no estructuralmente. Alguien puede decir: para una familia que procrea no hace falta amor, sino un simple encuentro celular entre un espermatozoide y un óvulo. Y biológicamente tendría razón, sí, y estaría equivocado en todo lo demás. ¿Hacen un violador, su víctima y el bebé posteriormente dado en adopción, en algún sentido, una familia? Dirán: caso extremo. Bueno, muy bien, no vayamos al extremo: pareja se quiere, se casan, tienen un par de hijos, con el tiempo cambia su realidad afectiva por vayase a saber qué motivos y decide separarse, y se separan: ¿siguen siendo familia? Sostendría que sí.

Siguen habiendo obligaciones morales y legales entre las partes separadas aunque no se puedan ver ni en foto. Contraargumentarán: hay una diferencia genérica clave que hace que socialmente los varones puedan desconectarse de estos deberes con mucha facilidad. Bien, les hago la contrapregunta: ¿les parece que alguien que abandona a sus hijos, no paga la cuota alimentaria o simplemente es negligente para con sus hijos y pareja -afectivamente, económicamente-, es un buen padre y esposo? ¿Hegel es machista y misógino? Sí, claro, no hay problema con admitir esto en el año de nuestro señor 2026. Pero una cosa es admitir esto, y otra es ver que tan actual es en lo que criticamos.

XI

Porque si nuestras críticas apuntan a su desconexión genérica, pero seguimos admitiendo los deberes éticos y económicos-sociales que los individuos deben cumplir y que un Estado debería asegurar legalmente sobre las familias, bueno, a Hegel me lo cruce el otro día en la calle. La sociedad está compuesta de familias, bien variables, cada una cumpliendo su función, algunas más grandes que otras, algunas que van a continuar reproduciéndose y otras que no. Son parte del sistema económico, cada una realizando su parte de la ecuación, o saliéndose del guión de la eticidad por la negligencia, propia, o de la sociedad y el Estado: con el comentario sobre el Estado policial y la recomendación de extender el sufragio electoral en Inglaterra, Hegel se muestra como un autor mucho más actual que lo que a uno le gustaría, aún no se superó la desigualdad ni la búsqueda de dignidad social.

En todas las sociedades, las familias mantenían su existencia con el trabajo, generaciones mayores daban paso a las siguientes, no sólo dando por herencia el color de cabello y ojos sino también la profesión, un fenómeno que no terminó tanto como uno querría en la sociedad capitalista, sobre todo en los cuadros medios altos y de élite. Podemos señalar que la familia ya no es la familia-tipo, papá-mamá-hijos, y aún así, vamos a seguir hablando de grupos afectivos socioeconómicamente condicionados por su entorno a depender tanto más del trabajo que de su amor para mantenerse vivos y unidos. Y la familia se disuelve y conserva dentro de la sociedad civil porque el malestar de la sociedad civil le hace más daño a las familias que el malestar de las familias le hace a la sociedad civil.

XII

Las crisis económicas, de corte laboral, productivo, de precios, especulación, infraestructurales, destruyen familias. Gente muere de enfermedades curables porque la medicina es cara, se producen abandonos, hijos primeros se ven obligados a abandonar su educación para trabajar y mantener a sus hermanos menores, el desempleo lleva a la desesperación como consciencia de un estado de pérdida y de este al alcoholismo u otros consumos problemáticos por no decir locura y crimen, propietarios pierden sus hogares y en general deben abandonarse casas o deptos grandes por otros de menor tamaño. Y el Estado puede ser un poder policial más conmiserativo o más represivo: para el filosofo de Jena -y la mayoría de las naciones- los hijos serán responsabilidad de sus padres pero propiedad del Estado como parte de la ciudadanía, y el Estado puede quitarles a los padres sus hijos, algo que en la práctica tiende a la desintegración de familias de origen minoritario. No es una casualidad que la serie Modern Family termine con la familia desintegrándose principalmente por razones laborales, porque la economía, más que el tiempo, se come las familias.  

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