La teoría unitaria de Lise Vogel en diálogo con la experiencia argentina
Por Cecilia Ermolli
Introducción
La persistencia de la opresión de las mujeres en las sociedades capitalistas contemporáneas constituye un problema que desafía tanto a la teoría social como a la práctica política. Si bien las últimas décadas han estado marcadas por avances significativos en el plano jurídico y por una ampliación de derechos formales, las desigualdades de género continúan reproduciéndose de manera sistemática. Esta persistencia obliga a interrogar no solo la eficacia de determinadas políticas, sino también el marco conceptual desde el cual se piensa la relación entre capitalismo y opresión femenina.
Una de las dificultades centrales del debate radica en determinar si la subordinación de las mujeres debe explicarse como efecto de un sistema patriarcal autónomo que opera en paralelo al capitalismo, o si, por el contrario, se encuentra inscrita en la dinámica misma de la explotación. Este artículo parte de la hipótesis de que la opresión femenina no constituye un fenómeno externo ni superpuesto al modo de producción capitalista, sino que se halla vinculada a la forma específica en que este organiza la reproducción social. En este sentido, la teoría unitaria desarrollada por Lise Vogel ofrece un marco analítico capaz de articular explotación y opresión en un mismo nivel estructural.
Al situar el problema en la reproducción de la fuerza de trabajo, Vogel desplaza el análisis desde la coexistencia de sistemas diferenciados hacia una comprensión estructural en la que explotación y opresión se articulan dentro de un mismo marco social. La opresión de las mujeres aparece así asociada al lugar que ocupan en los procesos que garantizan el mantenimiento cotidiano y la renovación generacional de la clase explotada. Este desplazamiento teórico no solo redefine el modo de comprender la subordinación femenina, sino que abre una interrogación más amplia sobre las condiciones de posibilidad de su transformación.
A partir de esta reconstrucción conceptual, el artículo pone en diálogo la teoría de la reproducción social con experiencias recientes de política pública en la Argentina. El objetivo no es ofrecer una evaluación coyuntural, sino examinar en qué medida las tentativas de intervenir en el ámbito del cuidado permiten problematizar, confirmar o tensionar la tesis unitaria. El trabajo se organiza en tres momentos: primero, se expone la crítica de Vogel a la perspectiva de los dos sistemas; luego se desarrolla el núcleo conceptual de la reproducción social; finalmente, se analiza el caso argentino como escenario de interrogación teórica.
La tesis de Vogel: hacia una teoría unitaria de la opresión
La propuesta teórica de Lise Vogel se inscribe en una revisión crítica de la tradición marxista y de los debates feministas socialistas del siglo XX. Según la autora, el marxismo ofrece una orientación teórica fundamental para abordar el problema de la opresión y la liberación de las mujeres, aunque dicha orientación ha sido con frecuencia desarrollada de manera insuficiente (Vogel, 2024). En la literatura socialista pueden distinguirse dos enfoques principales: por un lado, la “perspectiva de los dos sistemas”, que explica la opresión femenina como resultado de la articulación entre capitalismo y un patriarcado autónomo; por otro, la “perspectiva de la reproducción social”, que sitúa su raíz en la ubicación diferencial de las mujeres dentro de los procesos de reproducción social (Vogel, 2024, p. 240).
La primera posición postula la coexistencia de dos lógicas relativamente independientes —explotación capitalista y dominación masculina— y conduce a una doble explicación histórica basada en la lucha de clases y la lucha de sexos. Vogel objeta este enfoque por fragmentar el análisis de sociedades basadas en la explotación y propone, en cambio, una teoría unitaria que articule opresión y explotación dentro de un mismo marco estructural (Vogel, 2024).
El punto de partida de esta reformulación es la categoría marxiana de fuerza de trabajo, entendida como la capacidad humana de realizar trabajo productivo (Vogel, 2024, p. 253). Esta capacidad debe reproducirse constantemente para que el proceso social de producción pueda continuar. Como recuerda Marx —y retoma Vogel— toda producción es al mismo tiempo reproducción: una sociedad no solo produce bienes, sino que reproduce las condiciones de su propia existencia (Vogel, 2024, p. 254). En el capitalismo, la fuerza de trabajo adopta la forma de mercancía y su portador es la clase explotada; por ello, la reproducción de la fuerza de trabajo equivale al mantenimiento y renovación de esa clase.
Para comprender el alcance de la teoría unitaria resulta decisivo precisar el concepto de trabajo necesario. En el análisis marxiano, el trabajo necesario designa aquella parte de la jornada laboral durante la cual el trabajador produce el equivalente al valor de su fuerza de trabajo, determinado por los medios de subsistencia requeridos para su reproducción (Vogel, 2024, pp. 253–254). La jornada laboral se divide así en trabajo necesario y trabajo excedente: el primero reproduce el valor del salario; el segundo genera el plusvalor apropiado por el capitalista.
Sin embargo, Vogel muestra que la reproducción de la fuerza de trabajo no se agota en la equivalencia salarial. Entre el salario y la efectiva reproducción del trabajador median una serie de actividades sociales que no forman parte directa del proceso productivo inmediato, pero resultan indispensables para su continuidad (Vogel, 2024, pp. 260–262). Cocinar, limpiar, cuidar, criar y sostener físicamente a quienes trabajan constituyen condiciones materiales sin las cuales el trabajo asalariado no podría reproducirse.
En este punto, Vogel amplía la noción marxiana de trabajo necesario: no se trata únicamente del tiempo de trabajo que reproduce el valor del salario, sino del conjunto de prácticas sociales que garantizan el mantenimiento cotidiano, el cuidado de quienes no producen y el reemplazo generacional de la clase explotada (Vogel, 2024, pp. 260–262). La reproducción de la fuerza de trabajo no es externa a la acumulación capitalista, sino una condición de posibilidad de la explotación misma.
Si el trabajo necesario incluye estos procesos ampliados de reproducción, la cuestión decisiva pasa a ser cómo se organizan históricamente dichas tareas. Es en el nivel de la reproducción social total donde el género adquiere relevancia teórica. Mientras se analice únicamente al trabajador ya existente, la diferencia sexual no resulta decisiva; pero cuando se considera la renovación generacional de la fuerza de trabajo, la organización social de la reproducción biológica se vuelve central (Vogel, 2024). Bajo el capitalismo, esta organización ha tendido a estructurarse mediante la familia y una división sexual del trabajo que asigna de manera desproporcionada a las mujeres las tareas vinculadas al trabajo necesario.
De este modo, como sintetiza la autora, “la opresión de las mujeres surge de su ubicación diferencial dentro de los procesos de reproducción social” (Vogel, 2024, p. 241). La subordinación femenina no constituye un sistema autónomo ni un residuo histórico superpuesto a la explotación de clase, sino que emerge de la forma específica en que el modo de producción organiza la reproducción de la fuerza de trabajo. La posición estructural de las mujeres en el trabajo necesario ampliado explica, así, el carácter constitutivo —y no contingente— de su opresión en sociedades de clase.
Ahora bien, si la opresión se encuentra anclada en la organización social de la reproducción, cualquier intento político de transformarla deberá intervenir precisamente en ese nivel estructural. Es en este punto donde la teoría de Vogel puede ponerse en diálogo con las experiencias recientes de política pública en la Argentina.

Reproducción social y política pública: el caso argentino
Entre 2019 y 2023, el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad impulsó el diseño de un Sistema Integral de Políticas de Cuidados que proponía reconocer el cuidado “como una necesidad, un derecho y un trabajo”, promoviendo su revalorización y la redistribución de responsabilidades entre Estado, mercado, familias y comunidad (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, 2023). La iniciativa se apoyaba en diagnósticos oficiales que evidenciaban la profunda desigualdad en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, las mujeres destinan significativamente más horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los varones (Instituto Nacional de Estadística y Censos [INDEC], 2022). Este dato no constituye solo un indicador estadístico de desigualdad, sino que pone de manifiesto la persistencia de una organización generizada del trabajo de reproducción. En términos de Vogel, las encuestas evidencian la ubicación diferencial de las mujeres en los procesos de reproducción de la fuerza de trabajo: el mantenimiento cotidiano, el cuidado de personas dependientes y la renovación generacional continúan recayendo de manera desproporcionada sobre ellas.
El proyecto de cuidados no implicaba un salario universal para quienes realizan tareas de cuidado en el ámbito doméstico, sino la construcción de un sistema integral que combinara ampliación de infraestructura pública, extensión de licencias, fortalecimiento del trabajo de cuidado remunerado y promoción de corresponsabilidad social. En este sentido, el reconocimiento del cuidado como trabajo no suponía una retribución automática del trabajo no remunerado, sino su incorporación progresiva a marcos de regulación, derechos laborales y provisión pública de servicios.
Un antecedente relevante en este proceso fue la sanción de la Ley 26.844, que en 2013 estableció un régimen especial de contrato de trabajo para el personal de casas particulares. La norma reconoció derechos laborales formales —jornada regulada, salario mínimo, acceso a seguridad social y licencias— e implicó un avance significativo en términos jurídicos. Desde la perspectiva de la teoría de la reproducción social, este reconocimiento resulta especialmente significativo: al formalizar jurídicamente una parte del trabajo doméstico, el Estado reconoce como empleo una actividad que, en términos vogelianos, forma parte del trabajo necesario ampliado, es decir, del conjunto de prácticas que garantizan la reproducción de la fuerza de trabajo.
Sin embargo, los niveles persistentes de informalidad y los bajos salarios en el sector muestran los límites de dicha formalización (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, 2022). La regulación del trabajo doméstico remunerado no modifica la estructura general de la reproducción de la fuerza de trabajo, sino que reordena parcialmente su modalidad de ejecución. El cuidado y el mantenimiento cotidiano continúan siendo realizados mayoritariamente por mujeres, aunque ahora bajo formas contractuales diferenciadas. En otras palabras, la formalización jurídica no altera necesariamente la ubicación diferencial de las mujeres en el trabajo necesario, sino que puede reorganizarla dentro de los márgenes del mercado laboral.
Bajo esta lectura, el intento de institucionalizar un Sistema Integral de Cuidados puede interpretarse como un reconocimiento estatal de que la reproducción social no es un ámbito privado ni natural, sino una dimensión estructural de la organización económica. En términos de la teoría de Vogel, se trata de una intervención que intenta incidir en el terreno del trabajo necesario ampliado, es decir, en las condiciones sociales que garantizan la continuidad de la clase explotada.
La posterior discontinuidad institucional del Ministerio y la interrupción del proyecto plantean interrogantes que exceden la coyuntura política inmediata. Si la reproducción de la fuerza de trabajo constituye una condición estructural para la acumulación capitalista, la experiencia argentina permite observar tanto la posibilidad de problematizar su organización como las dificultades para transformar de manera estable la división sexual del trabajo que la sostiene.
Conclusión
El recorrido desarrollado permite sostener que la teoría unitaria de Lise Vogel no constituye únicamente una reformulación del feminismo marxista, sino una redefinición del nivel estructural en el que debe pensarse la opresión de las mujeres. Al situar el análisis en la organización social de la reproducción de la fuerza de trabajo —y particularmente en el trabajo necesario ampliado que garantiza el mantenimiento cotidiano y el reemplazo generacional de la clase explotada— la subordinación femenina deja de aparecer como un fenómeno superpuesto a la explotación y se revela como una dimensión constitutiva de su reproducción histórica. La opresión no opera al margen del capitalismo, sino en el interior mismo de las condiciones que hacen posible su continuidad.
El caso argentino reciente permite observar empíricamente la vigencia de esta perspectiva. Las encuestas de uso del tiempo muestran la persistencia de una distribución generizada del trabajo doméstico y de cuidados (INDEC, 2022); la Ley 26.844 evidencia que la formalización jurídica de una parte del trabajo doméstico no altera su lugar estructural en la reproducción social; y el intento de institucionalizar un Sistema Integral de Cuidados (Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, 2023) confirma que el reconocimiento estatal del cuidado como trabajo no elimina su función en la reproducción de la fuerza de trabajo, sino que intenta reorganizarla dentro de los márgenes del orden existente. Leídas desde la teoría de la reproducción social, estas experiencias no refutan la tesis unitaria, sino que ilustran sus alcances: aun cuando se producen avances normativos y políticas redistributivas, la organización generizada del trabajo necesario persiste como condición estructural de la acumulación capitalista.
En este sentido, la experiencia argentina no desmiente la hipótesis de Vogel, sino que la confirma: la opresión de las mujeres se encuentra anclada en la forma específica en que el capitalismo organiza la reproducción social. Las políticas públicas pueden intervenir, regular y redistribuir parcialmente el trabajo de cuidados, pero no eliminan la necesidad estructural de ese trabajo ni su centralidad en la reproducción de la clase explotada. La teoría unitaria, lejos de clausurar el debate, permite comprender por qué los intentos de transformación enfrentan límites que no son meramente coyunturales, sino estructurales.

Bibliografía
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2022). Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2021.
Ley 26.844. (2013). Régimen especial de contrato de trabajo para el personal de casas particulares. Boletín Oficial de la República Argentina.
Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. (2023). Sistema Integral de Cuidados: Lineamientos y propuestas para su implementación.
Vogel, L. (2024). El marxismo y la opresión de las mujeres: Hacia una teoría unitaria. Rara Avis.

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